Trapezóforo de un sátiro raptando a una ménade, Roma

TITULO: Trapezóforo de un sátiro raptando a una ménade

CULTURA: Romana

ÉPOCA: Siglo I – II d.C.

MATERIAL: Mármol

DIMENSIONES: 54 cm de altura

PROCEDENCIA:

– Antigua colección particular, Reino Unido. 

– Christie’s, Londres, 1999.

– Colección particular, Francia.

CONSERVACIÓN: Muy buen estado de conservación, presenta faltas en los brazos de la ménade y en las extremidades inferiores que se han perdido recientemente, puesto que en la publicación de Christie’s aparece la parte inferior de la escultura. 

 

PRECIO: Consultar

Descripción

TITULO: Trapezóforo de un sátiro raptando a una ménade

CULTURA: Romana

ÉPOCA: Siglo I – II d.C.

MATERIAL: Mármol

DIMENSIONES: 54 cm de altura

PROCEDENCIA:

– Antigua colección particular, Reino Unido. 

– Christie’s, Londres, 1999.

– Colección particular, Francia.

CONSERVACIÓN: Muy buen estado de conservación, presenta faltas en los brazos de la ménade y en las extremidades inferiores que se han perdido recientemente, puesto que en la publicación de Christie’s aparece la parte inferior de la escultura. 

 

PRECIO: Consultar

 

PUBLICACIONES: – Christie’s. Important Antiquities. South Kensington. 20 de Octubre de 1999. Lote 148.

 

DESCRIPCIÓN:

Grupo escultórico que incluye a dos figuras, un sátiro y una ménade, trabajadas en bulto redondo sobre un estrecho pilar trasero. Se trata de un trapezóforo, un soporte vertical que originalmente habría formado parte de una mesa, como pie central o como una de varias patas. Los temas dionisíacos, ya fueran representaciones del propio dios o de figuras vinculadas a él, como los sátiros o las ménades, constituyeron uno de los motivos predilectos para los pies de mesa en época romana (fig. 1). 

La escultura nos presenta a un sátiro joven de orejas puntiagudas y boca abierta en una mueca, mostrando los dientes, aferrando y atrayendo hacia sí a una ménade que vuelve su rostro hacia la izquierda para mirarlo fijamente. La composición es compleja y dinámica; el cuerpo de la muchacha se extiende verticalmente, tratando de escapar al abrazo, mientras el del sátiro conforma un aspa en torno a ella, aferrando su talle con ambos brazos y abriendo las piernas, flexionadas, para asentarse mejor sobre el suelo. El sátiro aparece desnudo y adornado con una nebris, manto confeccionado con la piel de un animal, probablemente una cabra a juzgar por la pezuña que lo remata, y que asoma sobre el brazo derecho del personaje. La ménade, de ondulados cabellos sujetos por una cinta, aparece desnuda salvo por un ceñidor bajo su pecho, y extiende ambos brazos, hoy perdidos, tratando de escapar. Originalmente la escultura se alzaba sobre una base moldurada sobre la que se apoyaban los pies del sátiro, y de la que surgiría el tronco del pino que funciona como eje vertical de la composición, en cuya copa aparecen piñas trabajadas en relieve. El pino y las piñas son elementos iconográficos habituales en los temas dionisíacos, vinculados a la fertilidad. En la parte trasera se aprecia un pilar de sección rectangular y aspecto solo desbastado, sin pulir. 

La pata figurativa (concretamente, zoomorfa) ya aparece en el mobiliario funerario del Antiguo Egipto, y se mantiene en época griega perdiendo en gran parte su antiguo sentido simbólico, obedeciendo ya más propiamente a cuestiones decorativas. En el mobiliario griego será frecuente la pata en forma de monópodo, es decir, un fuste coronado por la cabeza de un animal, con los pies del mismo en su parte inferior. En un primer momento el mobiliario romano copiará directamente el griego, incluyendo las patas de monópodo. No obstante, creará nuevas tipologías como la mesa en forma de media luna, antecedente de la moderna consola y utilizada junto a los triclinios, con un tablero de forma semicircular alzado sobre tres patas. Otro tipo también muy propio del mobiliario romano fue la mesa de tablero rectangular con un pie único central. Estas mesas eran utilizadas tanto en espacios públicos como privados y tenían una gran variedad de funciones: como altar, para depositar ofrendas, como pedestal para imágenes de los dioses o para exhibir lámparas, vasos u objetos preciosos.

Mientras en Grecia el mueble había sido relativamente sencillo, en Roma se tiende hacia el lujo por influencia etrusca, lo que llevará a un enorme desarrollo en el uso de mármoles y en la aplicación de la escultura al mobiliario. Así, se pueden imaginar los suntuosos interiores de las domus adornados con mesas, triclinios, braseros y camas ricamente adornados, realizados tanto en madera como en mármol, bronce y otros materiales nobles. 

Los sátiros y las ménades eran los miembros del cortejo de Dionisos, dios olímpico del vino y el teatro, asociado además al inframundo. Inspirador de la locura ritual y del éxtasis, era un dios renacido tras la muerte, vinculado a la fertilidad agrícola y al ciclo de regeneración de la naturaleza. Los sátiros eran deidades de los bosques con aspecto híbrido entre humano y animal, caracterizados por su lascivia. Pertenecen por completo al territorio de lo mítico, mientras que las ménades, el elemento femenino del tíaso o cortejo de Dionisos, eran mujeres míticas pero también reales, aunque siempre asociadas al dios y a su culto. Sátiros y ménades comienzan a aparecer en el arte griego durante el siglo VI a.C., a menudo juntos y, al inicio, incluso manteniendo relaciones sexuales, llevados por la excitación de la danza y el vino dentro del contexto del culto dionisíaco. No obstante, ya desde finales del siglo VI las ménades comienzan a aparecer rechazando los avances de los sátiros, mientras éstos tratan de tomarlas por la fuerza o cuando las hallan dormidas o desnudas. Con el tiempo, la persecución sexual de la ménade por parte del sátiro se convertirá en uno de los temas predilectos para adornar los vasos utilizados en los banquetes (fig. 2). El sátiro llegará a convertirse en una figura cómica que, pese a su exagerada excitación sexual, nunca logra satisfacer su deseo.

El culto a Dionisos incluía rituales orgiásticos donde los participantes, tanto hombres como mujeres, eran dominados por un frenesí inspirado por el dios, que liberaba su espíritu. Los sátiros y las ménades llegaron a representar este lado más “excesivo” del culto dionisíaco, liberador y trascendente. La sexualidad exagerada de los primeros, vinculada a su naturaleza animalesca y al carácter oscuro del propio Dionisos, se pone de especial relevancia en las imágenes que los presentan asaltando a ménades, que personifican a su vez las fuerzas orgiásticas de la naturaleza, otro aspecto del mismo dios. En obras como un trapezóforo del siglo III d.C. conservado en Atenas (fig. 3), ambas figuras son presentadas de forma evidente como cazador y presa: el sátiro se acerca sin ser visto a la ménade, semidesnuda por el movimiento frenético de su baile y tocando un pandero, inmersa en el éxtasis de la música y ajena a todo lo que le rodea. No obstante, este tipo de escenas adquirirán con el tiempo un nuevo significado, el de sofisticadas sátiras eróticas que se burlan del deseo eternamente insatisfecho del sátiro, especialmente en el contexto del banquete romano. 

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • ELVIRA BARBA, M.A. Arte y Mito. Manual de iconografía clásica. Sílex. 2008.
  • KERÉNYI, C. Dionysos: Archetypal Image of Indestructible Life. Princeton University Press. 1976.
  • PAILLER, J. M. “Le monde de Bacchus”, en Anabases, n. 4. 2006.
  • SEAFORD, R. Dionysos. Routledge. 2006.

 

PARALELOS:

Fig. 1 Trapezóforo con Dionisos. Imperio Romano, h. 150-225 d.C. Mármol, 80 cm de altura. Museum of Fine Arts, Boston, inv. 1970.241.

Fig. 2 Kylix con escena dionisíaca, del pintor Duris. Atenas, h. 470 a.C. Cerámica de figuras rojas, 12,1 cm de diámetro. Museum of Fine Arts, Boston, inv. 00.343.

Fig. 3 Trapezóforo con sátiro y ménade. Laconia, Grecia, tercer cuarto del s. III d.C. Mármol, 76 cm de altura. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, inv. 2703.