Cabeza del dignatario, Antiguo Egipto
TÍTULO: Cabeza de dignatario
CULTURA: Antiguo Egipto
ÉPOCA: Época Saíta, 664 – 525 a.C.
MATERIAL: Basalto
DIMENSIONES: 14 cm de altura
PRECIO: A consultar
PROCEDENCIA: Colección particular, Sra. Claude Marcault, Francia. Formada en 1970.
CONSERVACIÓN: Buen estado de conservación general, presenta cuatro líneas de rotura, dividiendo la parte inferior del rostro y la sección superior en tres partes. No hay zonas modernas y todos los fragmentos encajan perfectamente. Presenta raspado en la parte frontal, nariz, labios, frente y barbilla. La superficie pulida y brillante es la original de la escultura.
Descripción
TÍTULO: Cabeza de dignatario
CULTURA: Antiguo Egipto
ÉPOCA: Época Saíta, 664 – 525 a.C.
MATERIAL: Basalto
DIMENSIONES: 14 cm de altura
PRECIO: A consultar
PROCEDENCIA: Colección particular, Sra. Claude Marcault, Francia. Formada en 1970.
CONSERVACIÓN: Buen estado de conservación general, presenta cuatro líneas de rotura, dividiendo la parte inferior del rostro y la sección superior en tres partes. No hay zonas modernas y todos los fragmentos encajan perfectamente. Presenta raspado en la parte frontal, nariz, labios, frente y barbilla. La superficie pulida y brillante es la original de la escultura.
DESCRIPCIÓN:
Cabeza correspondiente a una estatua de cuerpo entero, tallada en basalto en bulto redondo, de tamaño inferior al natural (unos 84 cm de altura). Representa el retrato idealizado de un dignatario y evidencia una calidad en la factura que adquiere una mayor relevancia por lo reducido del formato; las dimensiones limitan el tratamiento de los detalles, pero cada uno de ellos está interpretado con admirable maestría. El hombre luce una peluca corta acampanada, recogida tras las orejas y cubierta por un sencillo tocado textil denominado khat, siguiendo un estilo antiguo pero muy del gusto de la dinastía XXVI o Saíta, como evidencian los numerosos ejemplos conservados (fig. 1). El khat era un amplio paño de lino de finalidad tanto ornamental como práctica, dado que recogía el cabello y resultaba más fresco que las pelucas trenzadas. Se considera el tocado más antiguo utilizado por los reyes egipcios, dado que aparece ya en la representación del faraón Horus Den, de la I dinastía, grabada en una pequeña placa de marfil hallada en Abydos. Desde entonces será utilizado en las imágenes de diversos faraones, especialmente en las de las reinas Hatshepsut y Nefertiti, así como en las del marido de ésta, Akenatón, y su sucesor, Tutankamón.
También el rostro es el característico de la estatuaria de este periodo Saíta: particularmente lleno, de pómulos y mandíbula redondeados, con barbilla pequeña pero saliente y bien diferenciada (fig. 2). Los ojos son alargados, de forma almendrada, y quedan enmarcados por limpios perfiles en relieve que representan los párpados de forma poco naturalista, arcaizante. Las finas cejas, rectas sobre los ojos, se arquean para descender hacia las sienes. En la nariz, prácticamente perdida, aún se aprecian sus formas generales, siendo muy estrecha en su parte superior y notablemente más ancha hacia los orificios nasales. La boca esboza una ligera sonrisa, y muestra unos labios gruesos, redondeados y de aspecto blando, de perfiles suavemente difuminados. Esta sonrisa ha sido llamada como la sonrisa saíta, dado que es una seña de identidad de la estatuaria de este periodo. Destaca asimismo la representación de las orejas, finamente detalladas con naturalismo y precisión, a base de líneas ondulantes y bien modeladas, pese al pequeño tamaño de la pieza.
La cabeza presenta un corte redondo y limpio en el cuello, posiblemente indicando la presencia de un collar trabajado mediante incisión, del tipo que muestra una escultura naófora contemporánea conservada en el Museo del Louvre (fig. 3). En la parte trasera de la cabeza, sobre la nuca y sobreponiéndose ligeramente a la peluca, se distingue aún la parte superior del pilar de apoyo de la escultura, que conserva escritura jeroglífica. Estos pilares, de larga tradición dentro de la estatuaria egipcia, solían alojar textos que identificaban al personaje representado o loaban al faraón o a los dioses (fig. 4). En el caso de la pieza en estudio puede leerse la inscripción incompleta Udjahorheh, posiblemente el inicio del nombre propio del retratado, que comienza con el grupo Udja, invocación a Horus habitual en época saíta que podría traducirse como “Horus es próspero”. Es probable que la inscripción aluda a Udjahormeehet, alto funcionario y sacerdote de la diosa Neith en Sais, quien habría encargado esta estatua como parte esencial de la capilla funeraria de su tumba o bien como exvoto ofrecido en el templo de Neith.
Los rasgos ideales de este retrato revelan el gusto particular de este periodo de la historia del Antiguo Egipto. En el Museo Egipcio de Florencia se conserva una cabeza, también de basalto, que muestra un idéntico tratamiento de los párpados (fig. 5). La nariz sigue asimismo modelos propios del momento, reproduciendo un prototipo que contrasta un arranque estrecho con una base mucho más ancha, proyectada hacia el frente (fig. 6). La forma de trabajar los labios, potenciando el volumen y desdibujando el perfil del labio superior, es también habitual en los retratos de época Saíta (fig. 7).
Considerado como un brillante momento de renacimiento del arte egipcio, el periodo Saíta toma su nombre de su capital, Sais, situada al oeste del delta del Nilo. Fue la última dinastía nativa que gobernó Egipto, y marcó el inicio de la Baja Época. Se inicia en el año 664 a.C. con la expulsión de los invasores asirios por parte de Psamético I, primer faraón de la dinastía XXVI. Aunque fue un periodo próspero, los saítas gobernaron en un contexto en el que Egipto ya no era una potencia política a nivel internacional, sino que se concentraba en su supervivencia como nación ante las amenazas exteriores. La victoria sobre el invasor extranjero determinó una vuelta hacia la rica y antigua tradición egipcia, que se tradujo en un especial desarrollo de las artes con la emulación de los modelos de los Imperios Antiguo y Medio como punto de partida. Generaciones más tarde se verá el arte saíta como la quintaesencia del arte propiamente egipcio, por lo que se retomarán sus formas y prototipos. La dinastía XXVI llegará a su fin en el año 525 a.C., cuando la conquista persa ponga fin no sólo al Periodo Saíta, sino al control nativo sobre Egipto.
Los escultores de la dinastía Saíta realizaron impresionantes retratos de oficiales asociados con la corte y las altas esferas religiosas en relieves, sarcófagos y estatuas de mediano y pequeño formato. Estas últimas, representaciones de individuos concretos claramente identificados mediante inscripciones alusivas a su vida y rango, se hacían para ser colocadas en los templos, donde podrían adorar a los dioses eternamente y recibir bendiciones, y también para ser depositadas en tumbas, como alojamiento temporal del espíritu del difunto en caso de necesidad.
BIBLIOGRAFÍA:
- BOTHMER, B. W. von. Egyptian Sculpture of the Late Period. 700 B.C. to A.D. 100. THe Brooklyn Museum. 1960.
- LLOYD, A.B. “The Late Period (664-332 B.C.)”, en The Oxford History of Ancient Egypt. Oxford University Press. 2000.
- REDFORD, D.B. (ed.). The Oxford Encyclopedia of Ancient Egypt. Oxford University Press. 2001.
- SCHÄFER, H.; BAINES, J. Principles of Egyptian Art. Griffith Institute Publications. 1986.
- PERDU, O. (ed.). Le Crépuscule des Pharaons. Chefs-d’oeuvre des dernières dynasties égyptiennes. Catálogo de exposición. Musée Jacquemart-André. 2012.
- PERDU, O. Les statues privées de la fin de l’Egypte pharaonique. Louvre Éditions, Éditions Khéops. 2012.
PARALELOS:
Fig. 1 Cabeza de estatua masculina. Farbaitos, Egipto. Baja Época, dinastía Saíta, 664-525 a.C. Serpentina verde, 12 cm de altura. Colección particular.
Fig. 2 Torso de estatua masculina. Sais, Egipto. Baja Época, dinastía Saíta, 664-525 a.C. Basalto, 38,8 cm de altura. British Museum, London, inv. EA37891.
Fig. 3 Torso de estatua naófora. Egipto, Baja Época, dinastía Saíta, reinado de Necao II, 610-595 a.C. Grauvaca, 26,5 cm de altura. Musée du Louvre, Paris, inv. E 10709.
Fig. 4 Busto de la estatua del comandante militar Amasis. Saft el Henna, Egipto. Baja Época, dinastía Saíta, reinados de Necao II o Psamético II, h. 600-570 a.C. Grauvaca, 18 cm de altura. Metropolitan Museum, New York, inv. 66.99.68.
Fig. 5 Busto de estatua masculina. Templo de Atum-Ra en Heliópolis, Egipto. Baja Época, probablemente dinastía XXVII, 525-404 a.C. Basalto, 36,5 cm de altura. Museo Egizio, Firenze (Italia), inv. 11900.
Fig. 6 Busto de estatua masculina. Egipto, Baja Época, dinastía Saíta, 664-525 a.C. Basalto, 13,8 cm de altura. Musée du Louvre, Paris, inv. 745.
Fig. 7 Cabeza de estatua masculina. Egipto, Baja Época, dinastía Saíta, reinados de Psamético II o Apries, 595-570 a.C. Basalto, 5,5 cm de altura. Metropolitan Museum, New York, inv. 2021.41.146.











