Flûte et cavaliers (Flautista y jinete), Picasso
TÍTULO: Flûte et cavaliers (Flautista y jinete)
AUTOR: Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973)
MATERIAL: Oro repujado
DIMENSIONES: 5,1 cm de diámetro. 23g
PRECIO: Consultar
Descripción
TÍTULO: Flûte et cavaliers (Flautista y jinete)
AUTOR: Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973)
MATERIAL: Oro repujado
DIMENSIONES: 5,1 cm de diámetro. 23g
PRECIO: Consultar
DESCRIPCIÓN:
La medalla de oro titulada Flûte et cavaliers, también identificada en la literatura de taller como Joueur de flûte et cavaliers (P.H. 1410), pertenece al conjunto más célebre de medallones concebidos por Pablo Picasso en el marco de sus colaboraciones con la orfebrería artística francesa de posguerra. Se trata de un objeto que debe situarse dentro de la producción múltiple autorizada del artista, en la que determinados motivos de su repertorio gráfico y cerámico fueron trasladados al metal precioso mediante procedimientos controlados de edición limitada.
Desde el punto de vista iconográfico, la pieza representa un flautista acompañado de jinetes o caballeros, un tema que remite tanto a la tradición pastoral clásica como al imaginario mediterráneo que Picasso reactiva de forma insistente en la década de 1950. La escena se inscribe en una estética de filiación arcaizante, donde la música, el movimiento ecuestre y la evocación ritual generan una composición de resonancias mitológicas. No se trata, por tanto, de un mero motivo decorativo, sino de una condensación simbólica coherente con las búsquedas de Picasso en torno a lo dionisíaco, lo heroico y lo festivo en el mundo antiguo.
La medalla fue concebida hacia 1956, fecha que corresponde al diseño original del modelo. Sin embargo, como ocurre con otros medallones de la misma serie, la ejecución material en oro se produjo con posterioridad dentro del sistema de ediciones del atelier Hugo. Sotheby’s, por ejemplo, describe ejemplares en oro amarillo de 23 quilates como “conceived in 1956” y “executed after 1967” o incluso “executed after 1988”, reflejando la práctica habitual en estas producciones, donde la concepción artística precede en décadas a la fundición y acabado de determinadas tiradas autorizadas. Esta doble temporalidad debe considerarse esencial para la correcta catalogación académica de la obra, ya que el objeto pertenece a la esfera de los “multiples” controlados más que a la de una creación única realizada en vida del artista.
El trabajo de orfebrería fue llevado a cabo por François Hugo y posteriormente Pierre Hugo, figuras centrales en la historia de la edición artística en metal precioso durante el siglo XX. El taller Hugo colaboró con algunos de los nombres más relevantes del modernismo europeo, y en el caso de Picasso produjo una serie de medallones basados en diseños previamente desarrollados en cerámica en el entorno de Madoura, en Vallauris. Sotheby’s especifica, de hecho, que este colgante está “based on an original Madoura ceramic”, subrayando la continuidad técnica y formal entre las cerámicas picassianas y su traducción al oro mediante relieve fundido.
La identificación de la pieza se realiza mediante su referencia de taller, P.H. 1410, número estampado en el reverso junto con la firma “Picasso” y la numeración de edición. Christie’s documenta ejemplares marcados como “Picasso/2/20/1410”, indicando claramente tanto la tirada limitada como el número interno del atelier Hugo. La edición estándar es de veinte ejemplares, acompañados por pruebas de artista y ejemplares de autor, siguiendo el modelo habitual de estas series. Asimismo, el reverso y la anilla portan los punzones oficiales franceses de contraste del oro y la marca de orfebre, elementos imprescindibles para la autentificación académica y comercial.
Flûte et cavaliers (P.H. 1410) debe entenderse como un objeto paradigmático de la traslación del lenguaje plástico de Picasso al terreno de la orfebrería contemporánea, donde la imagen concebida por el artista adquiere una nueva materialidad bajo la autoridad técnica y documental del atelier Hugo. Su interés histórico reside tanto en la potencia iconográfica del tema como en su pertenencia a una de las series más relevantes de ediciones artísticas en oro del siglo XX. La correcta atribución y valoración de la pieza exige, por ello, una atención prioritaria a la numeración, los punzones, la procedencia de edición y su correspondencia con los registros conocidos del taller, más allá de cualquier apreciación estilística superficial.
Pablo Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973) fue el gran genio de la pintura del siglo XX. Nombre clave en el desarrollo de las vanguardias y creador, junto a Braque, del movimiento cubista, fue un artista en constante evolución, cuyas decisiones creativas determinaron el rumbo de todo el panorama europeo. Nació en Málaga en contacto con el arte, ya que su padre era profesor de dibujo y director del museo municipal, e inició sus estudios artísticos en Barcelona, en la Escuela de La Llotja, donde ingresó en 1896. En contacto con los círculos modernistas, tan solo un año más tarde celebró su primera exposición individual, que tuvo lugar en el café Els Quatre Gats. Sus inquietudes artísticas le llevaron a fijar su mirada en París, donde pasó una temporada en el año 1900 a raíz de su participación en la Exposición Universal de ese año. Allí conoció a su primer marchante, y a su regreso a Barcelona comenzó a experimentar en su obra con todo lo que había visto en la capital europea del arte; Picasso es entonces apenas un adolescente, que todo lo absorbe pero sin retener nada, en la búsqueda de un lenguaje propio. Entre 1901 y 1907, a caballo entre Barcelona y París, se desarrollan sus etapas azul y rosa, donde comienza ya a mostrar una fuerte personalidad artística: la paleta acotada en torno a esos colores, los temas sórdidos, las figuras aisladas, sufrientes.
Tras esta primera etapa que podríamos llamar ya de madurez, aunque aún es un artista muy joven, Picasso se interesará por la obra de Cézanne. También es el momento de su descubrimiento del arte africano en el Museo de Etnografía de París. La suma de ambas influencias le llevará a desarrollar una nueva fórmula pictórica junto a su amigo Braque: el cubismo. Inmerso de lleno en las vanguardias, el artista se mantiene siempre en movimiento, experimentando y buscando; en 1912 introduce el collage en la pintura, y desde entonces se abre por completo a la imaginación, que se adueña de su arte. En 1916 colaboró por primera vez con Sergéi Diágilev en sus ballets rusos, cambiando para siempre la historia de la escenografía y el figurinismo. Picasso fue el gran revolucionario de la vanguardia parisina y, cuando el resto de pintores están interesándose en el cubismo, él volvía su mirada al clasicismo de Ingres y determinaba un nuevo cambio de rumbo, la conocida como vuelta al orden. A raíz de su contacto con el movimiento surrealista de 1925, Picasso establecerá un nuevo punto de ruptura con lo anterior introduciendo en su obra la distorsión, la rabia y la furia.
Igual que ocurría con uno de sus grandes maestros, Francisco de Goya, la obra de Picasso estuvo siempre fuertemente marcada por su situación personal y su entorno sociopolítico. Sus relaciones con las mujeres, siempre tumultuosas, afectaron seriamente a su pintura y se reflejan constantemente en sus cuadros y grabados. Sin embargo, el mayor impacto en la obra de Picasso fue el del estallido de la Guerra Civil y el bombardeo de Guernica, que provocó la realización de la obra más famosa del arte contemporáneo. Refugiado en París, primero, y más tarde en el sur de Francia, Picasso continuó hasta su muerte haciendo avanzar su personal arte extraño, de colores intensos, cargado de una profunda carga simbólica enraizada tanto en la historia de occidente como en la propia mente del artista.






