Estatua thoracata de emperador, Romana

TÍTULO: Estatua thoracata de emperador 

CULTURA: Romana

ÉPOCA: Reinado de Domiciano, 81-96 d. C.

MATERIAL: Mármol

DIMENSIONES: 181 cm de altura, 80 cm de anchura y 30 cm de profundidad

PROCEDENCIA:

– Colección particular, David y Delia Franklin desde la década de 1960, adquirida por herencia de la madre de Delia.

– La pieza estuvo expuesta en la casa familiar, la Priston Manor House, situada en la localidad de Priston, Bath (Reino Unido), hasta 2025 (fig. 1).

CONSERVACIÓN: Buen estado general, sin restauraciones. Ha perdido la superficie pulida del mármol por su exposición en el exterior. 

 

PRECIO: Consultar

 

Descripción

TÍTULO: Estatua thoracata de emperador 

CULTURA: Romana

ÉPOCA: Reinado de Domiciano, 81-96 d. C.

MATERIAL: Mármol

DIMENSIONES: 181 cm de altura, 80 cm de anchura y 30 cm de profundidad

PROCEDENCIA:

– Colección particular, David y Delia Franklin desde la década de 1960, adquirida por herencia de la madre de Delia.

– La pieza estuvo expuesta en la casa familiar, la Priston Manor House, situada en la localidad de Priston, Bath (Reino Unido), hasta 2025 (fig. 1).

CONSERVACIÓN: Buen estado general, sin restauraciones. Ha perdido la superficie pulida del mármol por su exposición en el exterior. 

 

PRECIO: Consultar

 

DESCRIPCIÓN:

Esta escultura exenta monumental que, completa, mediría unos 2 metros de altura, constituye un magnífico ejemplo de la imagen oficial del emperador en época de la dinastía Flavia (69-96 d.C.), conforme al tipo iconográfico que lo presenta como militar, jefe supremo del ejército, con el atuendo denominado “thoracato”, es decir, con coraza anatómica (“lorica musculata”) y manto (“paludamentum”). Este modelo, surgido en la época de Augusto (fig. 2) y con amplia difusión en época flavia (figs. 3), presenta al emperador a través de una iconografía basada en sus victorias militares. Las toracatas son, ante todo, imágenes ideadas para imponer una sensación de autoridad en el espacio público. La escultura en estudio ofrece, en conjunto, una síntesis especialmente lograda de escala monumental, calidad estética y eficacia de la función política característica de la escultura imperial flavia. La calidad del relieve, equilibrado entre volumen y superficie, sitúa la pieza en un contexto claramente metropolitano. Concebida para ocupar un lugar dominante en el espacio urbano y para ser percibida tanto de lejos como de cerca, la obra combina autoridad, equilibrio y belleza sobria, convirtiéndose en un testimonio de primer orden de la capacidad de la escultura romana para expresar el poder en todos sus aspectos. 

La estatua presenta a un emperador, no identificado debido a la falta de la cabeza, estante en una estudiada posición de “contrapposto” derivada del Doríforo de Policleto, con el peso del cuerpo apoyado en la pierna derecha y la izquierda ligeramente adelantada y flexionada, con la consecuente inclinación, en direcciones opuestas, de las caderas y los hombros. Luce una coraza anatómica ricamente decorada con motivos en relieve: un gorgoneion sobre el esternón, símbolo del poder del guerrero y también de protección y, debajo, dos grifos afrontados en torno a una antorcha central, alzados sobre finos roleos vegetales, con una pata levantada en señal de alerta. Los grifos y otros seres míticos, como las esfinges, fueron habituales en las esculturas toracatas por su función de psicopompos, es decir, de guías entre este mundo y el otro (fig. 4). La cabeza de la Gorgona conserva, pese al desgaste, una fuerte presencia plástica, mientras que los grifos se disponen en una estricta simetría que transmite una sensación de orden y control. La coraza presenta recortes inferiores en forma de lambrequín, formando dos bandas imbricadas, la superior decorada con motivos figurativos —trofeos militares en los laterales y, en el centro, una cabeza de león en visión frontal, flanqueada por dos cabezas humanas de perfil— y la inferior con diseños vegetales. La coraza romana de tipo anatómico revela la anatomía masculina, perfectamente esculpida como si se tratase de la representación de un antiguo dios griego; se trata de un elemento que presenta al retratado como un héroe, si no como un dios, y como tal dotado de un hermoso cuerpo que debe mostrarse tanto por su simbolismo como por su belleza, perfecto en sus formas como perfecto es el espíritu que alberga. Ya en Grecia el desnudo ideal aludía a la excelencia tanto física como mental y espiritual, al estatus divino o casi divino del personaje. El mismo principio se aplica a la propia postura de esta escultura: se yergue con firmeza pero relajada en su “contrapposto”, moviéndose sin esfuerzo como corresponde a un ser que está por encima de todo empeño mundano. Así esta obra, poderosa en su expresión, su tamaño y sus formas, refleja la concepción grecolatina de la belleza y la armonía físicas como representación visual de la perfección del ser.

Otro elemento importante a nivel iconográfico es el “paludamentum”, un tipo de manto derivado de la clámide pero reservado al emperador y a los comandantes militares, generalmente de color escarlata. Aquí aparece sujeto al hombro por una fíbula circular en forma de roseta, cae formando un voluminoso plegado que oculta el hombro izquierdo, reposa sobre el brazo y finalmente cae en vertical hasta la mitad de la pantorrilla; la estudiada disposición del manto introduce un ritmo visual fluido, que acompaña la verticalidad de la figura sin romper su monumentalidad. El tratamiento de los pliegues, a la vez sólidos y bien definidos, trabajados con profundidad, evidencia la mano de un taller acostumbrado a trabajar en encargos oficiales de alto nivel. El emperador luce bajo la coraza dos túnicas, ambas de manga corta y cubriendo únicamente los muslos, la interior más fina, de tejido delicado, y la exterior gruesa, adornada con flecos en los perfiles, formando plegados rectos, perfectamente ordenados, bajo la coraza. Los pies están calzados con cálceos, un tipo de bota ligera de suela plana, asegurada con cordones cruzados, característica del atuendo oficial romano.

Completan el atavío militar el “gladius”, la espada tradicional romana, que aparece envainada y sujeta con la mano izquierda, reposando en el brazo, y un escudo ligero (“parma”) con sencilla decoración geométrica en relieve que se sitúa en el pilar de apoyo estructural de la escultura. La presencia de la espada y el escudo contribuyen decisivamente al impacto visual del conjunto; ambos elementos se integran de manera armónica en la composición, ampliando la lectura iconográfica de la estatua sin sobrecargarla. El escudo, sencillo y de proporciones contenidas, funciona como contrapeso visual del torso, mientras que el “gladius” introduce una línea vertical que refuerza la estabilidad general de la figura. 

Cabe señalar asimismo que, pese al exquisito trabajo de modelado y detalle de la pieza, la parte trasera aparece sin terminar, casi en plano, aunque con los detalles indicados mediante incisión, lo que indica que sería una escultura ideada para ser colocada frente a un muro, en visión estrictamente frontal. En todo caso, la estatua habría estado destinada a un espacio público con carácter cívico y honorífico, dados su tamaño y su iconografía, puesto que el tipo toracato fue en una de las formulaciones más eficaces del lenguaje visual del poder imperial. Concebida en un formato colosal, de escala claramente superior al tamaño natural, la escultura habría sido pensada para dominar el espacio urbano con su la visibilidad de su presencia física y su autoridad, cualidades inseparables de su función política.

Desde el punto de vista formal, la figura revela una construcción extremadamente equilibrada, en la que el peso del cuerpo se organiza mediante un “contrapposto” estable y controlado, generando la impresión de sensación de solidez y calma que define la mejor estatuaria oficial romana. El modelado del torso, exquisito en sus detalles, combina la idealización anatómica con una lectura clara de los volúmenes, evitando cualquier exceso retórico. Esta contención formal es precisamente uno de los rasgos más apreciados de la escultura metropolitana de finales del siglo I d.C.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • ACUÑA FERNÁNDEZ, P. Esculturas militares romanas de España y Portugal. I – Las esculturas Thoracatas. CSIC, Bibliotheca Italica 16. 1975.
  • MARTOS BORJA, C. “Corazas imperiales: la imagen del Emperador en la iconografía de la armadura”, en Diseño de moda: Teoría e historia de la indumentaria, nº 4, pp. 117-124. Universidad Politécnica de Madrid. 2018. 
  • POLLINI, J., ed. Roman Portraiture: Images of Character and Virtue. Catálogo de exposición. Fisher Gallery, University of Southern California, Los Angeles. 1990.
  • STEMMER, K. Untersuchungen zur Typologie, Chronologie und Ikonographie der Panzerstatuen. Deutsches Archäologisches Institut. 1978.

 

PARALELOS:

Fig. 1 Fotografía de la Priston Manor House, con la escultura en estudio situada a los pies del vaso de la piscina.

Fig. 2 Augusto Prima Porta. Roma, h. 20 d.C. Mármol, 207 cm de altura. Museo Chiaramonti, Musei Vaticani, inv. 2290.

Fig. 3 Estatua toracata de un emperador. Velleia Romana, Piacenza, segunda mitad del s. I d.C. Mármol, 204,3 cm de altura. Museo Archeologico Nazionale, Parma, inv. 1952.827.

Fig. 4 Detalle de la “Thoracata de Córdoba”. Roma, siglo I d.C. Mármol, 186 cm de altura. Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.